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“CARACTERISTICAS BÍBLICAS DEL QUE HACE LA OBRA DE DIOS”

“Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová”

1° Crónicas 28:20

“Entonces David dijo a su hijo Salomón: Esfuérzate, sé valiente y haz la obra; no temas ni te acobardes, porque el Señor Dios, mi Dios, está contigo. Él no te fallará ni te abandonará, hasta que toda la obra del servicio de la casa del Señor sea acabada”

Nueva Biblia de las Américas

Introducción

Inicio de la monarquía hebrea, aproximadamente en el año 971 a.C. David el gran y amado rey de Israel ya es un anciano, le queda poco tiempo de vida, su hijo Salomón queda en el trono. Se inicia uno de los periodos más gloriosos en la historia del pueblo elegido: tiempo de paz, prosperidad y fama para la nación. David le entrega a su hijo el plano del templo que Salomón debía construir, donde especifica muchos de los detalles que debería tener la construcción de la casa de Jehová en Jerusalén. Además, le entregó gran parte de su tesoro, una inmensa cantidad del oro que había ahorrado en su reinado, para la magnífica obra de la construcción del templo, para financiar la enorme y costosa construcción de ese lugar que fuera considerad una de las 7 maravillas del mundo antiguo. David argumenta que por la voluntad de Dios hacia todas estas cosas: “todas estas cosas… me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño” 1° Crónicas 28:19.    

 

Presentación

En este pasaje el viejo David anima al joven rey a tener la actitud correcta y el ánimo debido para comenzar y terminar totalmente la magnífica obra que Dios la había asignado, que era la construcción del enorme templo de Jerusalén en la colina de Moriah. Le da ánimo, lo motiva a ponerse, lo antes posible, a trabajar con esmero y entusiasmo en este magno proyecto, sin temor ni incredulidad, Dios estaría con él, y esa premisa, era la gran garantía de victoria en la meta propuesta. Recalca algo muy importante: la obra debía iniciarse lo antes posible, pero debía ser concluida en su totalidad independientemente de los problemas u obstáculos que permanentemente se presentan en el camino, los imprevistos de siempre debían ser sobrellevados y la obra de Dios concluida totalmente. Prácticamente fueron las últimas palabras y consejos que David le dio a su hijo en el ministerio que este debía desarrollar. Dentro de todo lo que le dijo le habló estas palabras: “Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; más si lo dejares, él te desechará para siempre” 1° Crónicas 28:9. 

 

Aplicación

Para hoy estos principios no cambian en cuanto a cómo hacer la obra de Dios. Un cristiano verdadero está para servir a Dios en su obra y mayoritariamente un líder sea obispo, pastor o diácono.

 

Lo primero es la actitud, buena voluntad y ánimo.

Segundo el deseo y entusiasmo no es suficiente sino se hace la obra de Dios en excelencia.

Tercero, es elemental que el creyente tenga muy claro que Dios estará con él para que este cumpla a cabalidad su cometido.

Cuarto, el hermano o líder debe terminar completamente la obra de Dios, no puede dejar la obra a medio terminar como tantas veces ocurre.

 

  1. La actitud y el corazón: Una de las primeras cosas en cuanto a hacer correctamente la obra de Dios es la actitud. El ánimo y el esfuerzo son elementales en el trabajo que se realiza, las cosas hay que hacerlas de corazón, con el alma y para el Señor. La obra de Dios no se hace indolentemente sino con ánimo pronto (Josué 1:9, Jeremías 48:10). Así lo afirma Pablo: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;  sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” Colosenses 3:23-24.
     

  2. La obra de Dios se hace en excelencia: “Manos a la obra” no solo indica el inicio del trabajo, sino que implica la intención de hacer la obra de Dios en excelencia, no solo el deseo sino la acción (1°. Corintios 15:58). Sermones, motivaciones, ideas, planes de trabajo etc. No son suficientes sino se pone manos a la obra y se hace la obra de Dios con la excelencia que Él demanda: “Levántate, y manos a la obra, que ésa es tu responsabilidad. Tú, pon todo tu empeño, que nosotros te apoyaremos. Entonces Esdras se levantó y tomó juramento a los jefes de los sacerdotes y de los levitas, y a todo el pueblo de Israel, para que se comprometieran a cumplir todo lo que habían dicho” Esdras 10:4-5.
     

  3. Debemos tener conciencia de la presencia de Dios: Es vital que cada servidor de la obra, y en manera especial el líder, tenga plena conciencia que Dios siempre está en favor de su obra y en favor de cada obrero, como Dios estuvo con Moisés y José, así mismo estará con nosotros (Génesis 39:2-6, Josué 1:17, Filipenses 1:6). Si Dios está con nosotros tenemos la victoria asegurada: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada” Jeremías 20:11.
     

  4. Se debe terminar el trabajo dado por Dios: Uno de los más grandes problemas de los obreros cristianos de hoy es su falta de perseverancia en lo que hacen, muchos de los trabajos se inician, pero nunca se terminan, la Biblia es clara en señalar que la obra se hace hasta el final: “Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.  Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” Juan 17:4-5. La frase de Nehemías a sus enemigos sintetiza esta premisa: “…Porque cesaría la obra…” Nehemías 6:3, el que hace la obra de Dios no se detiene por depresión, distracción, desaliento, criticas, oposición, ni por nada, la obra de Dios no cesa, y cuando nos metemos en otros asuntos ajenos a la obra de Dios, la obra comienza a cesar y a detenerse (Juan 9:4).

Palabras finales

La obra de Dios tiene una forma bíblica de hacerse, y esta se hace con esfuerzo, amor, devoción, sacrificio, humildad, y paciencia, pero siempre dependiendo de Dios y de su santa gracia. Debemos tener la capacidad de reconocer que todo logro alcanzado, meta lograda,  cualquier victoria espiritual es sencillamente por la poderosa mano del Señor y que toda la gloria la honra y la alabanza es y será siempre para Dios.

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