MINISTERIO EVANGELISTICO PENTECOSTAL
EL FIN SE ACERCA
“EL PODER DE LA INTERCESIÓN”
“Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, ¿y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo”
Éxodo 32:9-14
Problemas en el desierto
Israel ha sido sacado de Egipto después de largos 430 años de esclavitud (Éxodo 12:40, Hechos 7:6-7), Dios usa a su siervo Moisés, uno de los hombres más extraordinarios del antiguo testamento, para sacarlos con mano fuerte del imperio de Faraón (Éxodo 13:3), Jehová envió 10 destructivas plagas que barrieron totalmente con el antiguo imperio egipcio, uno de los más poderosos de la historia, el poder de Dios desarticuló completamente en poco tiempo el poder faraónico (Éxodo 7 y 10).
Dios usó a Moisés para sacarlos de la tierra de Egipto y posteriormente trasladarlos 40 años por el desierto rumbo a la tierra prometida (Números 31:13, Deuteronomio 8:2-4). Allí sucedieron muchos hechos lamentables y negativos; los israelitas muchas veces se rebelaron contra sus lideres, murmuraron permanentemente, pecaron constantemente y muchísimas veces tuvieron intenciones de volverse atrás.
Este suceso descrito en este capítulo 32 es el inicio de la rebelión, y quizá uno de los peores pecados que el pueblo cometió en el desierto, Moisés “demoraba” en bajar del monte después de 40 días, Dios en ese lugar le entregaba los diez mandamientos escritos por su propio dedo en tablas de piedra para su pueblo, pero la nación se desenfrenó, cayó en idolatría y organizaron una pecaminosa y espantosa orgia sexual, similar a la de los pueblos paganos y en honor a sus dioses, que crearon para tan instancia, patentado en el becerro de oro (Éxodo 32:1-10).
Dios decide destruir al pueblo, pero Moisés intercede
El Señor le avisa a Moisés del pecado cometido por su pueblo, le ordena descender al valle, decide en su furor destruir totalmente a la nación de Israel, y darle a su siervo un mejor pueblo y una gran descendencia, pero Moisés intercede por el pueblo y logra aplacar la ira divina, y revertir la decisión de Dios.
Interceder: “Se refiere básicamente a una persona que intercede o ruega en favor de otros, oponiéndose a un peligro inminente y protegiendo a su comunidad ante una poderosa fuerza destructora. Hablar en favor de alguien para conseguirle un bien o librarlo de un mal”.
Del griego ENTUNCANO “encontrarse con, conversar, hacer petición, rogar a alguien por otro, demandar e invocar”, JUPERENTUCANO “hacer una solemne petición, pedir en favor de los demás, se atribuye esta palabra al Espíritu Santo que intercede por nosotros Romanos 8:26”.
En los días de la gran apostasía de Israel, Dios buscó con afán un hombre que intercediera por el pueblo, como una muralla protectora, pero tristemente no lo halló y Dios castigó severamente al pueblo por sus múltiples pecados: “Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor” Ezequiel 22:30-31.
Grandes intercesores en la Biblia
En las sagradas escrituras existen muchos casos de poderosas y efectivas intercesiones: Abraham el patriarca, que intercedió en favor de las ciudades paganas y de su sobrino Lot (Génesis 18:23-33), Job el patriarca, por sus hijos que eran impíos (Job 1:5), la reina Ester, por su pueblo judío que era amenazado de muerte (Ester 4:15-16), Daniel que ora a Dios por el perdón de su pueblo (Daniel 9:3-19), Jesús, nuestro principal ejemplo, por sus seguidores (Juan 17:9-17).
Hoy los creyentes tenemos a uno que intercede en favor de nosotros, Jesucristo el Hijo de Dios, esa es la gran promesa que nos ofrece la escritura: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” Hebreos 7:25 (Juan 14:6, Hechos 7:56, Hebreos 4:14, 1°. Juan 2:1). Nosotros, los creyentes, tenemos el deber de orar, pero no solo orar, sino que interceder (rogar, suplicar, implorar, ponernos en el lugar del otro etc.) por otros, por su conversión, su restauración, por sanidad, por prosperidad etc. No se crea que es un don exclusivo para unos pocos cristianos, sino que es un llamado elevado y efectivo para todos los creyentes a orar por los demás. En el fondo la intercesión es simplemente una oración de guerra, firme y llena de convicción, fundamentada en la total y absoluta certeza de que Dios responde.
Culminación
El que intercede es aquel que es como un puente entre Dios y la persona por la cual pide. Es un abogar por otro frente al trono santo de Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, es pedir, pero no por nosotros sino por otros. Se debe pedir con fe, con constancia, con firmeza, con el alma, con sentimiento y con intensidad.
