MINISTERIO EVANGELISTICO PENTECOSTAL
EL FIN SE ACERCA
LOS CAÍDOS DE LA GRACIA
“¡Cómo caíste del cielo, Oh Lucero, ¡hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”
Isaías 14:12-15
El rey de Babilonia y su caída
El capítulo 14 del hermoso libro de Isaías (escrito entre el 700-680 a.C.) es un gran himno profético burlón, que fue escrito para ser cantado por los enemigos del rey de Babilonia en el momento de su caída. Babilonia, ciudad fundada por Nimrod, el bisnieto de Noé (Génesis 10:8-10, 11:1-9) en el amanecer de la historia, era la gran ciudad capital del imperio caldeo, el 3° imperio mundial de la historia fue el centro político y religioso de la antigüedad, especialmente en el reinado del rey Hammurabi. Fue con el famoso rey Nabucodonosor en el siglo VI a.C. que esta ciudad alcanzó su máximo desarrollo y su mayor esplendor, convirtiéndose en la cuna del paganismo, la idolatría y la inmoralidad, imperio enemigo de Israel y de la fe monoteísta. Dios habló por medio de su siervo anunciando que esta orgullosa ciudad un día sería totalmente destruida. La mayoría de los eruditos, exegetas y estudiantes bíblicos aceptan que aparte de referirse al gran rey de Babilonia, este pasaje identifica a Satanás, en su origen, estadía en el cielo y su caída final.
Satanás el primer caído de la gracia
Luzbel o llamado “el lucero de la mañana” fue el más grande, hermoso e inteligente ángel jamás creado, ¡ninguno como él¡ Dios le dio el lugar de mayor honra que ninguna criatura jamás haya recibido, la gracia divina fluyó en Él de manera extraordinaria durante todo el largo tiempo que estuvo en el cielo, fue el principal líder de una gran cantidad de millones de ángeles, su aspecto era de una belleza única y sublime, pero su corazón se enalteció y se llenó de profundo orgullo, pretendiendo ocupar el lugar de Dios y ambicionó ser dios en el cielo, fue entonces cuando Dios lo expulsó del cielo y cayó estrepitosamente de la gracia divina, amotinando con él, la tercera parte de las huestes angelicales y se convirtió patéticamente en lo que hoy es; satanás el diablo, el ángel caído y el maligno por antonomasia.
Los caídos de la gracia
Gracia: “La gracia es el favor inmerecido, amoroso y gratuito de nuestro Creador. Es un aspecto importante del carácter de Dios y su naturaleza, que abunda y se expresa exteriormente en actos de misericordia, compasión y dar generosamente”. Del griego CHARIS “regalo, don, oficio, obsequio”. La salvación es únicamente por gracia no por obras (Romanos 3:24, 6:14, Efesios 2:8-9, Tito 3:5). La palabra gracia es uno de los términos más usados en la Biblia, en el N.T. aparece más de 170 veces. Del griego CHARIS, aunque tiene varios sentidos, se expresa siempre como el “don inmerecido de Dios para con el hombre”. CARIS “placer, delicia, actitud favorable, favor o gracia divina, salud, donativo, regalo”, DOREAN “un presente, regalo, de balde, sin causa, gratuitamente”.
¿Cómo puede un creyente que haya recibido el don de la gracia divina, perderlo alguna vez? Muchos han escuchado la falaz frase: “una vez salvado, salvado para siempre”, pero abiertamente esta enseñanza no se encuentra en ninguna parte de las sagradas escrituras. La Biblia nos revela claramente que uno puede caer de la gracia ¡Obviamente que nadie quiere que esto le suceda alguna vez! ¿Cómo podemos los hijos de Dios evitar caer de la gracia y perder uno de los más grandes dones que Dios nos ha dado tan generosamente?
Adán, el primer hombre, que vivió en condiciones únicas y privilegiadas, en una comunión maravillosa con su creador y sin embargo por cuanto cedió a la tentación y desobedeció al Señor fue expulsado del Edén, trayendo consigo todas las maldiciones y nefastas consecuencias que hasta hoy vive la humanidad (Génesis 3:24, Romanos 5:12), Saul (“elevado”) el primer rey de Israel escogido por Dios, quien no estuvo a la altura de su alta investidura, se llenó de envidia, soberbia, autosuficiencia y terminó sin la unción de Dios y desechado por el Eterno (1°. Samuel 15:23), Sansón el gran juez de Israel dotado de una fuerza física impresionante y sobrenatural, que jugó con la gracia de Dios y usó su talento para su propio beneficio y terminó siendo un servidor y bufón de los filisteos (Jueces 16:28-30), Salomón, el más grande los sabios de la antigüedad, el más pudiente de los reyes de su época y el monarca que más paz disfrutó en su reinado, y sin embargo terminó apostatando, negociando con reyes impíos y uniéndose en matrimonio con mujeres paganas (1°. Reyes 11:1-13).
En el Nuevo Testamento la iglesia de Galacia es un claro ejemplo de cómo se puede caer de la gracia, que esencialmente es un camino de desviación de la verdad y la consagración, para irse por el camino de la mentira y la carnalidad (Gálatas 5:4), pero el más grande ejemplo de un caído de la gracia fue Judas, el apóstol y tesorero del colegio apostólico y que terminó traicionando al maestro, vendiéndolo por 30 monedas de plata y finalmente quitándose la vida (Mateo 27:5, Hechos 1:16-18).
La Biblia advierte claramente que un cristiano podría descuidarse y caer de la gracia: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que, brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” Hebreos 12:15 (Romanos 6:1, 2°. Corintios 6:1, 10:12-13, 2°. Timoteo 2:1, Judas 4).
El propia Pablo temía caer de la gracia y ser eliminado (1°. Corintios 9:27), y Pedro nos dice lo mismo: “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que, arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza” 2°. Pedro 3:17.
Culminación
Sin lugar a duda, poseer la gracia de Dios es un regalo único y maravilloso, pero si somos negligentes con ese don y nos alejamos de Dios y de su camino de vida, podríamos caer fácilmente de ella. Por ende, nosotros Sí podemos caer de la gracia, de ese don maravilloso de Dios, si nosotros permitimos que esto suceda, el diablo no puede lograrlo sin nuestra ayuda. Por lo tanto, debemos permanecer firmes en la santidad, en la humildad y en la obediencia. El Dios de la gloria nos promete su gracia, ¡y no debemos caer de ella!
