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HIPÓCRITAS QUE SE HACEN PASAR POR JUSTOS

“Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.  Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador.  Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.  ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis?  Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.  Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que, maravillados de su respuesta, callaron”

Lucas 20:19-26

Jesús enrostra la maldad de los lideres judíos

Jesucristo está en pleno desarrollo de su poderoso ministerio, los sacerdotes y escribas junto a los ancianos llegaron molestos a preguntar con qué autoridad hacia todas esas cosas, el Señor les respondió con la famosa pregunta sobre Juan el Bautista, y ellos no pudieron responder por temor al pueblo y a la respuesta que Jesús les daría (Mateo 20:1-7), es entonces cuando el Maestro expuso la conocida parábola de los labradores malvados que era la representación misma de estos líderes religiosos que resistían el mensaje de Dios y a sus mensajeros (Mateo 20:9-15). Esto naturalmente los molestó mucho, se sintieron ofendidos y enojados, planeaban como hacer caer al Señor en alguna palabra, en algún error y acusarlo ante las autoridades romanas y destruir totalmente su ministerio.   

 

Los lideres judíos envían espías a Jesús

Esta perversa gente quería echarle mano pues captaron claramente que la gente los identificó con esos labradores malvados de la parábola y que el pueblo estaba a favor del nazareno, fue entonces cuando esta gente, sacerdotes y escribas, personas del ministerio y de la palabra, echaron a andar un plan: enviaron espías para hacer caer en una sutil y maliciosa trampa a Jesús, lo que querían era sorprenderlo en alguna palabra y lo acechaban constantemente.

 

Espía: “Persona que con disimulo y secreto observa o escucha lo que pasa, para comunicarlo a quien tiene interés en saberlo. Persona al servicio de un Estado para averiguar informaciones secretas, generalmente de carácter militar” (Josué 2:1, Gálatas 2:4, Hebreos 11:31).

 

Acechar: “Observar, aguardar cautelosamente con algún propósito generalmente perverso, avizorar” (Salmo 37:32, 56:6, Proverbios 24:15, Efesios 6:10).

 

Le hicieron la pregunta sobre el impuesto que se debía pagar a Roma y si este era legal o no pagarlo por los judíos, y el Señor los sorprendió con una respuesta extraordinaria y llena de sabiduría: “¿Por qué me tentáis?  Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.  Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que, maravillados de su respuesta, callaron”. Su siniestro plan se frustró debido al testimonio del Señor Jesucristo y de su gran sabiduría.

 

Hoy se repite la historia en la iglesia

En nuestro siglo esta historia se repite mas o menos parecida, los más grandes enemigos del cristianismo no son los grandes ateos del mundo, los progresistas modernos, las logias masónicas, ni los gobiernos impíos, sino los religiosos hipócritas e influyentes. Esta mala gente odia la sana doctrina y a sus mensajeros, y usan diferentes métodos para tratar de frenar el avance del evangelio de salvación en el mundo. Muchos hipócritas entran a la iglesia o se hacen lideres, aparentando ser justos y nobles pero sus intenciones son perversas y destructivas, cuidémonos de ellos y de sus halagos y zalamerías (Proverbios 11:9, Mateo 7:5, 25:51, Mateo 23:28, Marcos 12:15, Lucas 12:1, 1°. Timoteo 4:2).

Muchas veces los halagos son más peligrosos que las críticas, en muchas ocasiones los que más te halagan y te tiran flores, luego son los peores detractores de tu vida o ministerio. Existe gente que solo desea tu ruina, tu caída, y vienen a ti con preguntas falsas, capciosas y mal intencionadas: “Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho” Judas 1:16.

 

Culminación 

Cuidémonos no solo del diablo, los demonios y los impíos enemigos de la obra, sino también de aquellos malvados en las congregaciones que se hacen pasar por justos y pretenden nuestra destrucción y sorprendernos en una falta, un pecado o una frase indebida para acusarnos con otros. Nunca nos prestemos para acechar a otros y buscar su caída y caer en actitudes hipócritas que nos hagan caer en este tipo de aborrecibles conductas, nunca pretendas maliciosamente hacer caer a otros o gozarse en su destrucción. Esa fea y abominable tarea dejémosla al que es experto en eso; diablo y sus esbirros.

 

Amén.  

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