MINISTERIO EVANGELISTICO PENTECOSTAL
EL FIN SE ACERCA
“DAVID: EN COMUNIÓN CON DIOS, PERO CON OLOR A OVEJAS”
“David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo”
1° Samuel 17:34-37
David el muchacho que se convirtió en héroe
Inicio de la monarquía hebrea, Saúl es el rey de Israel, la nación está unida, pero en guerra contra los filisteos los cuales eran grandes enemigos de Israel en ese tiempo. Se libra una batalla en el valle de Ela, los ejércitos de Saúl en un monte y los filisteos en el otro (vs. 1-3), aparece Goliat, el gigante filisteo, para amenazar y aterrorizar al ejército israelí, Durante largos 40 días los intimidó y ninguno de los experimentados soldados de Saúl se atrevieron a enfrentarlo (vs. 4-11). El joven David fue enviado al campamento por su padre para saber de sus hermanos mayores que estaban enrolados en el ejército israelí, allí oyó las amenazas del gigante y se indignó y se ofreció para pelear con él con la fe en Dios que podría vencerlo, usó este poderoso y convincente argumento (vs. 34-37), si Dios le dio victoria en la intimidad sobre el león y el oso, cuando estas bestias le querían comer las ovejas de su padre, también lo haría públicamente al enfrentar a esta otra “bestia”, así mismo fue y el joven hijo de Isaí lo enfrentó con una honda y una piedra lisa (vs. 40) la cual le lanzó en plena frente a Goliat, esta entró por el único agujero del casco del gigante, lo venció, lo mató y la cortó la cabeza delante de ambos ejércitos e hizo que los filisteos huyeran despavoridos (vs. 41-51).
David en comunión con Dios, pero con olor a ovejas
David (“bienvenido”) hijo de Isaí, segundo rey de Israel fue uno de los hombres mas extraordinarios y destacados del antiguo testamento, el rey más amado de toda la historia de la nación, centro de las grandes promesas de Dios y un prototipo de Jesús, pese a todos los errores y pecados que cometió (1°. Reyes 15:5) fue el hombre conforme al corazón de Dios (1°. Samuel 13:14, Hechos 13:22), reinó 40 años en el pueblo de Dios, 7 en Hebrón y 33 en Jerusalén.
Cuando muchacho era pastor de ovejas de su padre Isaí y dentro de todas las características que tenía destacan dos principales:
1- Mantenía una profunda y preciosa comunión con Dios, amó al Señor desde pequeño, escribió más de 84 salmos en honor a Jehová, cantó y adoró su nombre toda su vida (Salmo 34) y luego formó un gran coro para alabar al Eterno de más de 4.000 levitas.
2- Cuidaba con amor y dedicación las ovejas de su padre, las amaba y las defendía de los grandes depredadores, dormía y compartía diariamente con ellas, las conocía y las llevaba a buenos pastos a comer (Salmo 23).
Los verdaderos pastores son gente de oración y amantes de la obra
Estas dos características del rey David deben ser también dos características de los pastores de hoy:
01- Los ministros del Señor deben buscar de Dios, su relación con Dios debe ser su principal preocupación, deben tener hambre y sed de Dios, y practicar una vida de oración (Isaías 55:6, Jeremías 33:3, Mateo 7:7, 1°.
Tesalonicenses 5:17, Filipenses 4:6-7), “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, Oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” Salmo 42:1-5.
Antes que la familia, que la iglesia, que los deberes ministeriales, que las cosas materiales, que atender las necesidades de los hermanos etc. Debe estar el Señor Jesucristo, todo lo demás queda relegado a un segundo plano (Deuteronomio 6:4, Mateo 22:37).
02- Pero el hombre de Dios no solo debe estar arriba, en las nubes y en la búsqueda de Dios, sino también en contacto con la gente, ser un pastor de verdad: “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas” Juan 21:15-17.
El pastor evangélico llamado por Dios debe estar dedicado y consagrado a atender a su grey; predicarles la palabra, defenderlos y asistirlos (Proverbios 27:18, Jeremías 3:15, Mateo 24:45, Efesios 4:11, Hebreos 13:7 y 17, 1° Pedro 5:2-3). Debe estar en contacto, enlace, comunicación y dialogo con sus ovejas. No debe ser un pequeño dios, un divo, un ídolo religioso, un súper ungido, sino un amante de la obra y de los obreros, es decir debe tener “olor a ovejas”.
Últimas palabras
Vivimos días donde el ministerio pastoral es cuestionado, criticado, odiado y perseguido, en verdad existen algunos malos obreros, pastores negligentes y lideres ambiciosos que han dado un mal testimonio y han proyectado una imagen distorsionada de esta tan loable labor, pero los verdaderos siervos de Dios son diferentes, la mayoría de los ministros de Dios viven grandes tensiones, muchas complejidades, experimentan la soledad y la traición, pero los siervos de verdad nunca dejarán de lado estas dos premisas de su incomparable magisterio: buscar las fuerzas en Dios, teniendo comunión permanente con el Señor que lo llamó, y en constante preocupación por las ovejas que Dios puso bajo su cuidado.
